Rol de la educación de personas jóvenes y adultas para el desarrollo sostenible

El papel del aprendizaje y la educación de personas jóvenes y adultas para el desarrollo sostenible - prioridades temáticas para responder a múltiples crisis a nivel local, regional y global en el contexto de un mundo globalizado marcado por los rápidos cambios en la economía, la gobernanza, el mercado laboral y el clima; reflejo de la necesidad de un cambio de paradigma en el establecimiento de una agenda alternativa.

 

DESCRIPCIÓN:
Para responder a las múltiples crisis experimentadas a nivel local, regional y mundial se requieren programas de aprendizaje y educación de personas adultas para el desarrollo sostenible oportunos y pertinentes. Actualmente, la educación sobre el cambio climático y la educación en prevención de catástrofes son sólo dos ejemplos de programas que contribuyan a dar respuesta a esta situación de crisis. La rápida propagación del virus del Ébola en África occidental nos ha recordado que al igual que las catástrofes y el cambio climático, las enfermedades pueden cruzar fácilmente las fronteras y convertirse en problemas de salud mundiales que representan una amenaza para la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible.

Sin embargo, mientras que las iniciativas educativas anteriores son vitales (y, a menudo, exitosas) para hacer frente a la crisis actual, puede haber una tendencia a que estos programas se centren demasiado en la educación y el aprendizaje "sobre" el problema con el fin de resolverlo. Como resultado, estos programas a menudo dejan pasar las oportunidades que ofrece una situación de crisis a la educación y el aprendizaje "para" el desarrollo sostenible.

En 1987, la publicación de "Nuestro futuro común" o el Informe Bruntland consagraron la visión holística del desarrollo sostenible como aquel "que garantiza las necesidades del presente sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades", en el lenguaje y el discurso de la agenda de desarrollo global.

A medida que nos acercamos a la finalización de los Objetivos de Desarrollo Sostenible post-2015, seguimos siendo desafiados por la experiencia de que traducir esta visión interrelacionada de dimensiones social, económica y ambiental en el desarrollo sostenible es más fácil de decir que de hacer. Las tensiones en torno al dominio de la dimensión económica sobre la ambiental y la social, el argumento de que la cultura debe ser una dimensión transversal, y el silencio con demasiada frecuencia en el tratamiento de las dimensiones política y de poder, han dificultado la consecución de acuerdos globales en muchos niveles.

En el ámbito de la educación y el aprendizaje, estas tensiones siguen actuando como obstáculos para el logro de una educación y un aprendizaje que nos permitan dar forma a nuestro futuro común. Los límites disciplinarios continúan dominando la manera de aprender a entender y proponer soluciones para los actuales problemas globales. Por ejemplo, las ciencias ambientales y las perspectivas económicas siguen dominando la educación sobre el cambio climático y las respuestas de mitigación y adaptación propuestas. Muy frecuentemente se reconocen las dimensiones sociales que contribuyen a la mayor vulnerabilidad de quienes están marginados por la pobreza y los poderosos intereses, pero rara vez se abordan. Los Estados que más han contribuido al problema continúan evitando asumir la responsabilidad de tomar las medidas adecuadas, a pesar de que existe un acuerdo en torno a las responsabilidades diferenciadas.

Del mismo modo, el dominio de los esfuerzos de la educación formal, en todos los niveles, en un intento por responder a la formación necesaria para hacer frente a los problemas actuales ha sido, a menudo, a expensas de la importante contribución de la educación informal y no formal (incluyendo la educación comunitaria, de personas jóvenes y adultas). El argumento en contra es que no hay recursos suficientes para financiar los objetivos de acceso a la educación de calidad para todos los niños, niñas, personas jóvenes y adultas. Una y otra vez, este argumento ha demostrado ser falso, ya que se siguen gastando miles de millones en defensa y seguridad. Los defensores de la educación citan que los 26 mil millones de dólares necesarios para lograr la educación primaria universal equivalen a la cantidad que se gasta actualmente en actividades militares a nivel mundial en una semana.

El argumento de falta de recursos, basado en la incapacidad de las arcas públicas para financiar la educación, ha llevado a la creciente influencia del capital privado a través de lo que ha sido llamado los mecanismos de financiación innovadores, como las asociaciones público-privadas. Si bien existen oportunidades para una genuina financiación innovadora, tales propuestas en el actual desequilibrio global de poder, pueden llevar a la privatización de la educación, lo que ha dado lugar a la provisión de educación de dos niveles: de calidad para quienes pueden pagarla, y de baja calidad para las personas marginadas y vulnerables. Este desequilibrio continuará impidiéndonos lograr realmente el acceso a la educación inclusiva y de calidad para todos y todas como un derecho humano básico.

La educación sobre el cambio climático y la reducción del riesgo de desastres sigue dominando la agenda de educación y aprendizaje para el desarrollo sostenible. Ambos se necesitan con urgencia. Pero en esta etapa, desafortunadamente, tienden a ser respuestas educativas reactivas, a menudo basadas en intentos igualmente limitados para tratar la dimensión ambiental sin abordar los modelos de desarrollo subyacentes que han contribuido significativamente a ambos problemas.

Son estas tensiones entre el paradigma de desarrollo sostenible idealmente holístico y la realidad del dominio del poder neoliberal y su influencia sobre nuestra capacidad de re-pensar y re-estructurar nuestros sistemas educativos para no solo reaccionar, sino para ser sensibles a nuestro futuro común lo que tenemos que tener en cuenta al revisar los acuerdos globales de políticas locales de educación de personas jóvenes y adultas, la práctica y la incidencia, y sus implicaciones futuras.

Si hemos de reflexionar sobre las experiencias recientes, por ejemplo, las negociaciones en curso sobre el cambio climático, los poderes económicos y políticos dominantes han seguido ejerciendo presión para defender sus propios intereses, formulados como acuerdos globales. Por lo tanto, debemos valorar estos acuerdos mundiales en su justa medida, metas con aspiraciones que todos tenemos que contextualizar dentro de las realidades locales, nacionales y, en ocasiones, regionales.

Dado que la plataforma del ICAE es el plano internacional, tenemos que asegurarnos de que haya un objetivo de educación separado y explícito que encarne el principio de acceso a la educación inclusiva de calidad como un derecho fundamental, dentro de una educación durante toda la vida para todos y todas y que no es negociable. La tarea por delante es garantizar que estos objetivos se traduzcan en políticas y acciones regionales y locales, trabajando en colaboración con las organizaciones regionales y nacionales de la sociedad civil y los socios aliados en el gobierno, los organismos intergubernamentales y el sector privado. Esto implicará la creación de capacidades de las OSC que se asegurarán de que estos objetivos se contextualicen, se apliquen, se monitoreen y se alcancen. Al mismo tiempo, el ICAE deberá mejorar su propia capacidad para contribuir a la voz global que se nutre de las ricas experiencias y los diversos desafíos de contexto de sus miembros.

 

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